Todas las edades son necesarias


La Diversidad Generacional es, en lo sustantivo, la confluencia en un mismo ámbito de
personas con diferentes edades y competencias, y, en lo adjetivo, la confluencia al mismo
tiempo de diferentes fases de evolución tecnológica.

El término diversidad, como aceptación y respeto de las individualidades, implica que personas
diferentes en años, sexos, etnias y procedencias, con distintas actitudes, conductas,
expectativas, hábitos y motivaciones, portadoras de valores, ideas, aptitudes, vías y modos de
hacer, maneras y formas de comunicarse, etcétera, deben gestionarse para aportar avances e
innovaciones respecto a una fase anterior y lograr lo mejor de ellas y para ellas. De todas éstas,
algunas son evidentes, como la edad, el sexo, la etnia y procedencia, y otras menos visibles,
pero que contribuyen a la flotabilidad de un iceberg imaginario.

El calificativo generacional indica que conjuntos de personas caracterizados por haber nacido
en fechas próximas, tener educación e influjos culturales y sociales semejantes, y presentar
conocimientos tecnológicos similares, son comparables e identificables con otros diferentes o
complementarios con los que coexisten.

Aun cuando habitualmente se habla de generaciones, a la hora de abordar la gestión de la
diversidad debemos de tener en cuenta que éstas están constituidas por colectivos, que si
bien comparten varias características comunes, pueden ser muy diferentes en lo que respecta
a otras. En este sentido, junto a la mal llamada generación ni-ni, tenemos otro colectivo de
jóvenes que podríamos denominar, por su elevada preparación y actitud positiva, “excelentes”.

Otro aspecto relevante a considerar es que las generaciones están determinadas y
condicionadas por factores sociotemporales. Por ello no son totalmente comparables las
generaciones entre países, ni, por tanto, pueden gestionarse de la misma manera.

La edad es un transcurso temporal, un devenir histórico, durante el cual se han sedimentado
información y conocimiento, pero también valores, actitudes y comportamientos. El buen “saber
hacer” y el “conocimiento tácito” (información gris personal y social), que son claves para la
competitividad de las organizaciones, verdaderos factores que conforman el talento, sólo se
adquieren con el poso y el filtro de la edad y con la convivencia, igual que ocurre con la
memoria histórica de la organización, con su “edad social”.

Como en ecología, en las organizaciones son necesarios los estratos generacionales, contar con “nidos” de regeneración que aseguren la generación e intercambio de conocimiento explícito y tácito, la información y el talento necesarios para que aquéllas sean competitivas. Nidos de regeneración basados en respeto, la confianza, responsabilidad y consideración.

La organización que quiera ser sostenible precisa contar con un capital humano diverso. La
diversidad tiene impacto directo en la creatividad, innovación, eficiencia y sostenibilidad, en un
mundo global y en transformación. Sólo la diversidad del capital humano permitirá obtener el
talento imprescindible para mantener como horizonte de referencia, y meta a alcanzar, la
excelencia. –
.
Fuente: Diario El País

 

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