La Generación Y cada vez se parece más a sus abuelos

En vez de invertir, quienes tienen entre 18 y 30 años se dedican a ahorrar como si tuvieran el temor de ser alcanzados por una crisis. En este sentido, se distinguen de sus padres, temen por la economía y sus finanzas. Viven el presente, pero sobrevuela el temor del futuro

La Generación Y cada vez se parece más a sus abuelos

La Generación Y tiene comportamientos muy similares a la de sus abuelos. En vez de invertir, se dedican a ahorrar como si tuvieran el temor de ser alcanzados por una crisis.

En este sentido, no se parecen a sus padres, temen por la economía y sus finanzas. Viven el presente, pero sobrevuela el temor del futuro.

La generación Y, que tiene entre 18 y 30 años, está evidenciando un comportamiento bastante conservador con respecto al uso del dinero.

Sucede que este grupo etario fue testigo de varios cimbronazos económicos a lo largo de su vida.

Vivió de cerca, entre otras cosas, el despegue explosivo de las puntocom al tiempo que las vio desplomarse sin piedad. Y mucho más recientemente, fue testigo y protagonista de la última crisis financiera que se desató por la burbuja de las hipotecas. La recesión y el desempleo de dos dígitos forman parte de su contexto.

Psicología aplicada
Según destacó Gordon Fowler, ejecutivo de la consultora Glenmede, en una entrevista con Alina Selyukh para la agencia Reuters: “Esta joven generación no ha visto un buen desempeño del mercado de valores en su edad adulta. Esto, sin dudas, genera un impacto en su psicología como posible inversor”.

Algunos jóvenes, incluso, vuelven a vivir con sus padres. Ya están graduados, pero no consiguen empleo o bien, si lo obtienen, no está a la altura de sus gastos. Por lo tanto, mucho menos se les ocurre invertir.

Aquellos que trabajan en el mercado de capitales no muestran predisposición para hacerlo.

El lema de los abuelos parece estar presente. Parece animarlos el espíritu que reinó entre los mayores, que vivieron la crisis de 1929. La frugalidad y los ahorros parecen hoy recuperados bajo la nueva tónica de la Generación Y. Se dice, entonces, que son la nueva generación de la “depresión”.

Así, a diferencia de sus padres, habituados al “plástico fácil”, los jóvenes son reticentes al gasto.

Protección familiar
Es una generación muy dependiente de sus padres. En EE.UU., sólo un 10% de ellos tiene un trabajo full time. Por ello, no están dentro de los grupos clave de inversiones.

Una investigación reciente de InfoSalarial consigna algunos resultados para tener en cuenta sobre la Generación Y:

“Son hijos de los baby boomers, y como tales, fueron criados en un contexto de participación, alta valoración y aliento de sus vocaciones y preferencias. Crecieron en medio de un cambio de siglo, signado por acontecimientos como el atentado del 11 de septiembre en EE.UU. y el cambio climático; y viven en una época de inseguridad, caracterizada por relaciones líquidas e imprevisibilidad laboral. Durante estos 30 años, han crecido a la par de la tecnología, experimentando una fuerte irrupción tecnológica en la vida cotidiana, y fueron educados en múltiples configuraciones familiares.”

Lo bueno
El estudio de InfoSalarial también señala que este grupo de jóvenes puede ser interesante pensando en su incorporación a la fuerza laboral de una compañía, siempre y cuando se tengan en cuenta sus particularidades.

“Contar en el equipo con jóvenes nacidos desde 1980 en adelante, puede resultar beneficioso en función de su clara orientación a la comunidad, del dominio de la tecnología que poseen y la experiencia e incursión en redes sociales. También, su participación es útil para áreas creativas que requieran innovación en procesos, productos o servicios”, remarca el documento.

Sin embargo, detalla el estudio, “ésta también es conocida como la Generación NINI, ni trabajan, ni estudian” y aclara que, por la crisis o por su temperamento, “muchas veces quedan fuera del sistema”.

No obstante, lo llamativo de este desfasaje es que los lleva a parecerse a sus abuelos aunque muchos se sorprendan de esta visión, concluye el informe.

Fuente: Infobae Profesional

Recompense la Producción

Las personas se elevan hasta nuestro nivel de expectativas. Tratan de darnos lo que recompensamos.

Si quiere, que su personal produzca, tiene que recompensar la producción.

El fundador de IBM, Thomas J. Watson, padre, era famoso por llevar consigo una chequera cuando caminaba por las plantas y las oficinas. Dondequiera que veía a alguien efectuando una tarea excepcional, le giraba un cheque. Las sumas eran muy pequeñas, pero el impacto de esta acción era extraordinario. En muchos casos las personas nunca hacían efectivo el cheque. Algunos lo enmarcaban y colocaban en las paredes de su casa.

Hasta el individuo más diligente y trabajador se desmoralizará finalmente si la producción es más desalentadora que satisfactoria.

Les transcribo una historia infantil, de mucha vigencia en nuestro país, nuestras empresas, en el club y en nuestros hogares.

La gallinita roja               

Erase una vez en que había una gallinita roja que escarbaba en el corral hasta que descubrió algunos granos de trigo.

Llamó a sus vecinos y les dijo:

–          Si plantamos este trigo –les dijo-, tendremos pan para comer. ¿Quién me ayudará a plantarlo?

–          Yo no – dijo la vaca.

–          Yo no – dijo el pato.

–          Yo no- dijo el cerdo.

–          Yo no – dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré – dijo la gallinita roja.

Y lo hizo.

El trigo creció alto y maduró en grano dorado.

-¿Quién me ayudará a recoger mi trigo? – Preguntó la gallinita roja.

–          Yo no – dijo el pato.

–          Eso está fuera de mi clasificación –dijo el cerdo.

–          Perdería mi antigüedad – dijo la vaca.

–          Perdería mi compensación por desempleo – dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré –dijo la gallinita roja.

Y lo hizo.

Llegó el momento de hornear el pan.

–          ¿Quién me ayudará a hornear el pan? –preguntó la gallinita roja.

–          Eso sería trabajo de sobretiempo para mí – dijo la vaca.

–          Perdería los beneficios de bienestar social –dijo el pato.

–          Si voy a ser el único ayudante, sería discriminación –dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré –dijo la gallinita roja.

Ella horneó cinco panes y los sostuvo en alto para que sus vecinos los vieran. Todos querían pan. De hecho, exigieron que les diera.

–          No –dijo la gallinita roja-. Yo puedo comerme los cinco panes.

–          ¡Exceso de utilidades! –gritó la vaca.

–          ¡Sanguijuela capitalista!  -voceó el pato.

–          ¡Demando derechos de igualdad! –gritó el ganso.

El cerdo sólo gruñía. Entonces los demás rápidamente pintaron letreros y marcharon por los alrededores gritando obscenidades.

Llegó un agente del gobierno y dijo a la gallinita roja:

–          No debes ser tan glotona.

–          Pero yo me gané el pan –dijo la gallinita roja.

–          Exacto –manifestó el agente-, estas son las maravillas del sistema de libre empresa. Todos en este corral pueden ganar tanto como quieran. Sin embargo, bajo las regulaciones gubernamentales, los trabajadores que producen deben dividir su producto con los haraganes.

Después de eso todos vivieron felices. Pero los vecinos de la gallinita roja se preguntaban por qué ella nunca volvió a hacer panes.

Las líderes debemos asegurarnos de que nuestra gente no se sienta como la gallinita roja. No debemos ser como el agente del gobierno. Debemos brindar reconocimientos positivos y ánimo a los productores, y debemos ser cuidadosos de no recompensar a los haraganes.

Eche una mirada a su organización. ¿Qué está recompensando?

 Extraído de la revista Success Unlimited (éxito ilimitado)

Gustavo F. Cabeza